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El infierno y las maravillas: el Museo de la Biblioteca Nacional se renueva

El antiguo Museo de la Biblioteca Nacional de España no es ya el mismo desde el pasado febrero: tras trabajos de reforma y renovación, se ha abierto en sus salas “El Infierno y las Maravillas”, un espacio expositivo nuevo destinado a convertirse en lugar de conocimiento sobre la historia y las colecciones de la propia Biblioteca, desde una perspectiva entre didáctica y lúdica, y en centro para la reivindicación de la conservación de nuestro patrimonio documental y bibliográfico.

Ese nombre, el de “El Infierno y las Maravillas”, hace referencia a los lugares secretos, que solían ser armarios o habitaciones, en los que las bibliotecas escondían sus libros prohibidos y que eran llamados “infierno”, en contraste con la denominación de “maravillas” que recibían los libros más valiosos de sus fondos, que se mostraban a los visitantes en los anaqueles de la sala de lectura, cuando no se preservaban en cámaras acorazadas.

Plantea este proyecto, en último término, un recorrido por la creación bibliográfica humana, la censurada y la ensalzada, y ha sido comisariado por el escritor y crítico cultural Jorge Carrión junto a los responsables de la Biblioteca, mientras que de la conceptualización del espacio se ocupó Mario Tascón, antes de su fallecimiento el año pasado, y su firma Prodigioso Volcán.

El Infierno y las Maravillas. Museo de la Biblioteca Nacional de España

El Infierno y las Maravillas. Museo de la Biblioteca Nacional de España

“El Infierno y las Maravillas” se encuentra en la planta -1 de la BNE, un espacio físico que, por su carácter subterráneo, ya nos invita a descubrir un tipo de conocimiento que no se puede hallar en la superficie y que remite a Borges como personaje que desciende a un sótano para dar con el Aleph, mito que reúne en sí tanto el infierno como la maravilla. En la primera sala de esta exposición podremos ver un facsímil de un grabado de Goya, el muy adecuado La lectura, ampliado gráficamente en el mismo escenario; esos dos planos, según ha explicado Carrión, recorren toda la muestra y representan simbólicamente al lector individual y a la idea de lector, esto es, a las bibliotecas personales y a las públicas, a la experiencia individual de leer y a la universal. En nuestro paseo por la exposición, saldrán a nuestro encuentro, además, citas de Sor Juana Inés de la Cruz, Emilia Pardo Bazán o María Zambrano en diálogo con otras de Marshall McLuhan, Carl Sagan, Joan Brossa o Italo Calvino que pondrán el acento, por encima de todo, en los textos; en los contenidos, primordiales, de los libros.

Es posible que los visitantes de estas salas tengan la impresión de que son transportados a un viaje que los lleva por las páginas de un gran volumen textual, pero también visual y digital, que los conduce desde los inicios de los alfabetos y las imágenes (es decir, desde el origen de la historia) hasta las máquinas que escriben y escribirán el futuro, en un relato con luces y sombras -se hace hincapié en las primeras-.

El discurso expositivo de este nuevo espacio se ha estructurado en cuatro salas, dedicadas a distintos aspectos de la historia del conocimiento y de las elucubraciones humanas llevadas a páginas: Creación, lectura: conocimiento; Los infiernos tan humanos; El libro de las maravillas (con subsecciones para Cartografías maravillosas y El libro expandido); y Las máquinas de la memoria y el futuro.

El Infierno y las Maravillas. Museo de la Biblioteca Nacional de España

Recordando el Atlas Mnemosyne del historiador del arte Aby Warburg, que no ordenaba sus ensayos conforme a un orden cronológico o temático, sino atendiendo a la llamada “ley del buen vecino”, a relaciones conceptuales o simbólicas, la primera vitrina de esta exhibición condensa los distintos niveles, contrastes y planos simbólicos que veremos en “El Infierno y las Maravillas”. Junto al propio Atlas del alemán, contemplaremos Las Bibliotecas de la Antigüedad de Justus Lipsius, en edición de la editorial Castalia de 1948; la historia de la parisina librería Shakespeare and Company de Sylvia Beach, la reproducción de una carta autógrafa de Cervantes o los exlibris de Leonor Miquel y Enric Granados.

Los discursos y formatos (librescos) que se complementan entre sí y que dan lugar a conexiones culturales son el eje de todo este entramado: obras en papel, pantallas, murales, animaciones interactivas, vídeos… con letras estáticas o en constante movimiento. Veremos libros ardiendo real y figuradamente (ojo a la pieza performativa Fahrenheit 451, de Joan Fontcuberta) y obras que en algún momento fueron censuradas y que merecen (no solo por eso, por supuesto) ser conservadas y expuestas en la parte correspondiente al infierno de esta exposición permanente. En su momento fueron prohibidas Lazarillo de Tormes, El principito, Lolita, Persépolis, La Celestina y, aún hoy lo son, ya sabemos en qué latitudes, Los versos satánicos de Salman Rushdie.

El Infierno y las Maravillas. Museo de la Biblioteca Nacional de España

Cerca de las citas, las vitrinas y las pantallas, saldrán al paso del público varias cronologías que nos recordarán cuándo surgieron el primer alfabeto o Whatsapp, obras maestras de la humanidad, las pinturas rupestres o La Nube. Finalizan todos esos cronogramas en 2050, para sugerir los enigmas que hoy nos proyectan hacia el futuro, relativos al devenir de nuestra comunicación y nuestras bibliotecas, a lo que ofrecerán las que, dentro de siglos, serán tenidas por obras maestras o al tipo de tecnologías de la memoria, la producción y la circulación de textos e imágenes de las que dispondremos.

Decíamos que “El Infierno y las Maravillas” tenía propósito didáctico: los más pequeños tendrán a su disposición un cómic, realizado por la artista valenciana Núria Tamarit, protagonizado por una niña, un robot y un pececillo de plata (plaga esta última habitual en bibliotecas, peligrosa para el papel y el cartón); estos tres personajes conversarán sobre lo humano y la inteligencia artificial como fuentes de la construcción de conocimiento en el siglo XXI.

Hoy lo son, o lo siguen siendo, libros, periódicos, revistas, películas, discos, cómics, juegos, dibujos, mapas, videojuegos o pantallas, y este proyecto subraya la necesidad de conservarlos todos.

El Infierno y las Maravillas. Museo de la Biblioteca Nacional de España

El Infierno y las Maravillas. Museo de la Biblioteca Nacional de España

 

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