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Somatizar a Anish Kapoor

Nacido en 1954 en Bombay, Anish Kapoor se instaló en Londres en 1973 para estudiar escultura en la muy abierta Escuela de Arte de Hornsey, y en la capital británica vive y trabaja desde entonces. En 1990 representó al Reino Unido en la Bienal de Venecia, donde un jurado internacional le concedió el Premio 2000, y desde principios de los ochenta sus trabajos vienen exponiéndose regularmente en todo el mundo, dando testimonio del nulo conformismo del artista, centrado en la reinvención continua de su lenguaje, tanto en sus piezas más monumentales como en las de carácter más íntimo.

Sus creaciones, compuestas de materiales naturales o artificiales, constituyen a menudo sugerentes metáforas abstractas y destacan por sus efectos estéticos; algunas de sus propuestas de mayores dimensiones las ha reunido ahora el Arken Museum, próximo a Copenhague, en “UNSEEN”, la exhibición más extensa programada hasta ahora en ese centro y la más relevante de cuantas se han brindado a Kapoor en los países nórdicos. Ha sido una muestra, y no quedaba otra, técnicamente exigente: se hizo necesario rediseñar espacios, incluso eliminar suelos, para dar cabida a algunas de las instalaciones, de modo que el Arken que hoy visitamos no es el mismo que podía recorrerse en marzo ni el que se recompondrá después; el indio lo ha convertido, de algún modo, en uno más de sus proyectos.

Entre su producción extensa, se han seleccionado para la ocasión aquellas obras capaces, quizá, de generar en el espectador mayores resonancias emocionales o físicas, de suscitar experiencias; estas se derivan a menudo de la acentuación de los contrastes entre la luz y la oscuridad, entre lo visible y la evocación de lo que no lo es o entre la masa y la ligereza; virtuoso de la transformación de los materiales, este autor juega con reflejos, tonalidades, con lo aparentemente ingrávido y lo cóncavo para modificar nuestra percepción, tanto de esos materiales, como de los lugares donde se asientan. A veces, su objetivo último no es otro que lograr que el público pueda poner en cuestión algunos sentimientos identitarios, al acercarlo a asuntos más o menos trascendentes que interpelan de forma universal.

Anish Kapoor. Destierro, 2017. Fotografía: David Stjernholm

Frente a tendencias conceptuales, Kapoor ha apostado siempre por acentuar el carácter físico de sus creaciones como medio para conmover y para reclamar la importancia de lo sensorial y del estar presente, en nuestra época de preeminencia del consumo digital y remoto. Solo contemplándolas de forma directa se puede apreciar en plenitud el peso señalado de la memoria en Memory (2008), ejecutada con veinticuatro toneladas de acero corten, o sentir vértigo frente a Descent into Limbo (1992), ambas llegadas a Copenhague; sus herramientas para desviar nuestra mirada de las pantallas son, fundamentalmente, los materiales táctiles o altamente reflectantes, los pigmentos puros y brillantes, la cera roja como la sangre, la fibra de vidrio pintada, la piedra, el acero inoxidable pulido y, más recientemente, el cemento.

Anish Kapoor. Descent into Limbo, 2015. Fotografía: David Stjernholm

Otro capítulo relevante, que puede igualmente rastrearse en esta exposición, es su tratamiento de los objetos, que ha venido a ampliar las prácticas posminimalistas y que ha tenido un eco claro en otros escultores contemporáneos. Estudiando el color, la escala, la materialidad, los espacios y los procesos, ha trabajado una y otra vez en torno a desarrollos clave que él denomina “lenguajes de la forma”; como sus primeros “vacíos”, sus instalaciones últimas, monumentalizaciones de aquellos inspiradas en la arquitectura y destinadas a ubicaciones concretas, suponen acontecimientos fenomenológicos que dan lugar a sensaciones a la vez íntimas y colectivas.

Para Kapoor, el objeto (como su arte en un sentido amplio) siempre se encuentra en estado de mutación, porque transita por diferentes procesos de autogeneración, disolución, fragmentación y multiplicación que él busca desplegar. Tiene muy en cuenta la presencia del cuerpo y la mirada del futuro observador al elaborarlos: cada uno aportamos nuestra realidad subjetiva cuando encaramos estas poderosas estructuras escultóricas.

Anish Kapoor. At the Edge of the World II, 1998. Fotografía: David Stjernholm

Anish Kapoor. My Red Homeland, 2003. Fotografía: David Stjernholm

Anish Kapoor. Grave, 2019. Fotografía: David Stjernholm

 

 

Anish Kapoor. “Unseen”

ARKEN MUSEUM OF CONTEMPORARY ART

Skovvej 100, 2635 Ishøj

Del 11 de abril al 20 de octubre de 2024

 

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