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Giacometti y Sugimoto, de entre los muertos

Hace más de una década, en 2013, el MoMA de Nueva York encargó al fotógrafo Hiroshi Sugimoto la realización de un proyecto en torno a su jardín de esculturas, que reúne algunas obras esenciales de esta disciplina en época contemporánea. El artista japonés lo aceptó, decidiendo abordar esta propuesta adoptando el enfoque borroso habitual en muchos de sus trabajos dedicados a arquitecturas, y entre las primeras piezas que llamaron su atención se encontró una de Alberto Giacometti, filiforme como tantas suyas, que expresaba claramente un modo extremo de tratar su motivo, como el que él busca llevar a sus composiciones. Detectó Sugimoto en ella ciertas conexiones con creaciones orientales; efectívamente, una de las fuentes de inspiración del suizo.

Cuando Sugimoto fotografió esta obra en horarios distintos, por la mañana y al atardecer, y comparó los resultados, estos le recordaron a los personajes del teatro noh nipón, que se refiere a almas muertas que regresan a la vida y se vuelven visibles. Este tipo de piezas dramáticas suelen articularse en dos partes: en la primera (maejite), los fallecidos adquieren forma humana y se lamentan de su desaparición; en la segunda (nochijite), los fantasmas de los muertos efectúan una danza triste doliéndose porque no pueden hallar descanso en su tumba. En todo caso, en este tipo de representaciones sobre el escenario resulta tan importante, a la hora de que el público goce de una buena experiencia, el talento interpretativo de los actores como la capacidad imaginativa de esos espectadores.

Al fotografiar la escultura de Giacometti, Sugimoto ha explicado que tuvo la impresión de contemplar un drama de estas características, tan ligado a la idiosincrasia de su país, en el que el pasado renace como presente. Y esa perspectiva es posible percibirla también en otras fotos que llevó a cabo en el mismo jardín del MoMA.

Giacometti/Sugimoto. En scène. Institut Giacometti, París, 2024

Giacometti/Sugimoto. En scène. Institut Giacometti, París, 2024

Aquel episodio es el origen de la muestra que actualmente podemos visitar en el Institut Giacometti de París: “En scène” establece lazos entre lo real y lo solo aparente a partir de esculturas del autor de El hombre que camina y de imágenes de Sugimoto, y supone la primera ocasión de contemplar en Europa cuatro obras pertenecientes a la serie de este último Past Presence (2013 – 2016), junto a un conjunto de polaroids tomadas entre 2013 y 2018; ocho de esas fotografías fueron donadas por Sugimoto a esta institución ya en 2019.

Corría 1955 cuando Giacometti conoció al filósofo japonés Isaku Yanaihara, y aquel encuentro tuvo un peso decisivo en sus posteriores estudios sobre la representación de la figura humana. En pinturas, esculturas, bocetos en grandes hojas de papel o garabateados sobre periódicos, ese pensador japonés fue un modelo recurrente (casi exclusivo) en las composiciones que llevó a cabo el artista entre 1956 y 1961; también sabemos que el escultor, junto a su esposa Annette, se esforzó por conocer a la comunidad de ese país residente en la capital francesa y que acudieron a espectáculos de teatro kabuki y noh que ponía en marcha el Théâtre des Nations, que acababa de echar a andar (en 1957). Algo en esas obras conectaba con la voluntad de despojamiento, alargamiento y reducción que manejaba.

El interés de Sugimoto por la cultura de su propio país no requiere explicaciones, pero sí merece la pena subrayar lo hondo de su compromiso: en 2017 fundó la Odawara Art Foundation, con sede en esa misma ciudad y dedicada a la promoción de formas contemporáneas de performance; en sus últimas exposiciones viene incorporando objetos históricos y documentos japoneses de su propia colección; y hace dos años produjo y filmó representaciones teatrales de noh en el castillo Himeji; cuatro extractos de las mismas pueden verse ahora en París. Alimentado por las tradiciones sintoísta y budista y por las festividades populares, la codificación actual del noh data del siglo XV y se basa en elementos simples: un bonzo inmerso en un viaje, un puente, un sueño. El bonzo cruza el puente y se libera de las limitaciones del tiempo tal como lo concebimos para adentrarse en el reino de las sombras; las máscaras que portan los actores les sirven, según sus creencias, para convocar el espíritu de los fallecidos. “En scène” trata de reconstruir, de hecho, una escena noh: cinco esculturas de Giacometti se han situado junto a un telón cuyo patrón ornamental de pinos ideó en el siglo XVI el pintor Tosa Mitsunobu, que a su vez se basó en los árboles próximos a los santuarios donde estas representaciones tenían lugar en sus comienzos.

Giacometti/Sugimoto. En scène. Institut Giacometti, París, 2024

Giacometti/Sugimoto. En scène. Institut Giacometti, París, 2024

Hay que recordar que, fascinado por la precisión de los retratos de los pintores del norte de Europa en el siglo XV, Sugimoto llevó a cabo muchos trabajos fotográficos de ese género a partir de modelos de cera del Madame Tussaud. El empleo de negativos solarizados permitía en ellos impresiones fantasmales. Pero en otras ocasiones, y esta exhibición será la primera vez en que podamos comprobarlo, también trabajó a partir de sí mismo o de sus seres queridos en ese sentido.

Como escritores que fueron amigos de Giacometti, entre ellos Jean Genet y Sartre, este artista interpreta sus esculturas como apariciones y conecta la fragilidad de sus siluetas con la singularidad de las superficies de bronce que parecen carcomidas por el tiempo. Las piezas del escultor en las que eligió detenerse se encuentran entre las más emblemáticas que llevó a cabo en las décadas de 1950 y 1960: Gran mujer, descrita por el propio Giacometti como la escultura elevada a su formato más alto, y Walking Man I, a escala real; sobre el escenario recreado en el Institut Giacometti, ambas se nos aparecen como la esencia misma de toda existencia humana más allá del tiempo. Por otro lado, y aludiendo a los músicos noh arrodillados, figuras de medio cuerpo surgen al fondo, como si salieran directamente de una tumba egipcia; una de ellas es Busto de hombre sentado (Lotar III), trabajo de 1965 que destaca por su intensidad dramática, por ser Lotar uno de sus últimos modelos y por la fusión confusa entre lo orgánico y lo mineral.

Veremos igualmente dibujos en bolígrafo del suizo, en múltiples soportes de corte más o menos espontáneo: fragmentos de manteles, invitaciones, sobres, periódicos… Dibujar era para Giacometti una ocasión de reflexionar y estudiar proyectos pasados, pero también una oportunidad de recapitulación. Mujeres de pie, hombres caminando, cabezas, naturalezas muertas, retratos de sus modelos… testimonian un flujo de creación ininterrumpido que atendía a todas las etapas e instantes de la vida.

Y la exhibición no ha querido dejar de dar cuenta de las imágenes por las que casi todos reconocen a Sugimoto: sus Seascapes (Paisajes marinos), fotografías atemporales en las que cielo y mar se superponen conforme a variaciones a menudo mínimas, un reto para el observador atento. La exhibición conjunta de Grande Femme IV de Giacometti, una de sus obras para su propuesta inacabada en Chase Manhattan Bank, y de su composición de 1996 Baltic Sea, Rugen, de gran formato, propone, fundamentalmente, un ejercicio contemplativo en torno a lo esencial casi incorpóreo.

Giacometti/Sugimoto. En scène. Institut Giacometti, París, 2024

Giacometti/Sugimoto. En scène. Institut Giacometti, París, 2024

 

 

Giacometti/Sugimoto. “En scène”

INSTITUT GIACOMETTI

5 Rue Victor Schoelcher

París

Del 5 de abril al 23 de junio de 2024

 

 

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