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Paz Errázuriz, intensidad y periferia

Hace casi una década, en 2015, la Fundación MAPFRE presentó en Madrid, en su entonces abierta Sala de Bárbara de Braganza, una retrospectiva dedicada a Paz Errázuriz, que ese año había obtenido el Premio PHotoESPAÑA; la artista confesaba entonces que no recordaba haber contemplado nunca tal número de obras suyas juntas. Tiempo después, en 2018, esta institución sumó a sus fondos 175 imágenes de la chilena, que comenzó a trabajar en la década de los setenta, convulsa en su país por el inicio de la dictadura de Pinochet; ha dedicado su trayectoria a captar aquello que escapa a la mirada del viajero y del apresurado, entornos y personajes periféricos, tenidos por minoritarios, que retrata desde la naturalidad e incidiendo, igualmente, en su dignidad: su sello es la intensidad humana, asociado a su propósito de desestabilizar normatividades en el orden visual, en ningún caso de traducir sobre papel fotográfico, con una finalidad documental, los asuntos de actualidad.

Esos temas, la dictadura chilena y aquellos grupos humanos que podemos entender como marginales, son claves en su producción, y la elección tiene que ver con el desarrollo de un sentido de pertenencia hacia la sociedad de su país, donde continúa residiendo, y fundamentalmente, a sus olvidados; con su apego hacia sujetos con formas de vida muy características y realidades particulares: Siempre he pensado que la fotografía tiene que ver con quien la registra. En mi caso todas mis series inevitablemente responden a mis deseos, intereses y obsesiones (…). Lo que fotografío tiene que ver con las personas que no están al centro, sino afuera, siempre subordinadas al poder. Al analizar, de hecho, la evolución de la trayectoria de Errázuriz, comprobaremos también el carácter cambiante del concepto de lo marginal; sus trabajos no recogen uno único: se ha fijado en quienes habitan en la calle, en quienes viven del circo, en boxeadores en sus momentos de mayor fragilidad, ancianos, en quienes padecen enfermedades mentales o en transexuales que se dedican a la prostitución.

Un extenso compendio de su obra fechada entre 1979 y 2014 lo muestra la Fundación MAPFRE, hasta el próximo septiembre y bajo el comisariado de Carlos Gollonet, en su espacio KBr de Barcelona: contemplaremos retratos de los ignorados por el régimen, de quienes rara vez son escuchados y escapan a los discursos y atenciones de la oficialidad, individuos con los que la artista pudo establecer una relación de respeto y confianza que se hace patente en estas composiciones y que ha crecido con el tiempo, fortaleciendo el compromiso ético y social de la fotógrafa.

Arranca la exhibición con la serie Los dormidos (1979), dedicada a individuos desvalidos que residen a la intemperie, normalmente vencidos por el sueño o el cansancio; el hecho de convertirlos en protagonistas de su producción suponía, en esa fecha y contexto, un gesto del todo transgresor: en un país militarizado, su presencia y relevancia visual implicaba un desafío respecto a las posiciones hegemónicas. Años más tarde, cuando la dictadura se acercaba a su fin, fotografió Errázuriz a quienes participaban en huelgas, manifestaciones y protestas, prestando sobre todo atención a al movimiento Mujeres por la Vida. En alguna de estas obras, veremos a un colectivo femenino que interrumpió el tráfico con motivo del Día de la Mujer; también las acciones disuasorias y represivas de estos actos.

Paz Errázuriz. Mujeres por la vida. Serie Protestas, 1988. Colecciones Fundación MAPFRE

De 1984 data su serie El circo, motivo que le sirve igualmente para indagar en los cánones de representación de la sociedad; se fijaba en los pequeños y provincianos, por su condición nómada, volátil y vulnerable y por la excepcionalidad de esta forma de vida. En paralelo, entre 1984 y 1987, trabajó en La manzana de Adán, conjunto centrado en hombres que se travestían y prostituían en burdeles de Santiago y Talca; en el periodo de la dictadura, su situación se hizo más difícil: padecieron acoso y vejaciones.

El núcleo de esta última serie lo constituye la familia formada por Mercedes, sus hijos biológicos travestis Pilar y Evelyn, y amigos de estos a quienes retrató en su día a día, sometidos a la precariedad y a la amenaza del sida, que pudo con algunos de ellos. En ningún caso captura Errázuriz instantes decisivos ni fugaces, se trata de composiciones pactadas con sus modelos, derivadas de una conexión mutua.

Paz Errázuriz. Miss Piggy I, Santiago. Serie El circo, 1984 . Colecciones Fundación MAPFRE

Su serie El combate contra el ángel (1987) incorpora otra toma de postura: la de adentrarse en el boxeo, un mundo ajeno en los ochenta a la mujer. Frente a la virilidad asociada a estos deportistas, la artista elige retratarlos en instantes más íntimos en los que dan muestras de su cansancio. De nuevo, sus representaciones no son las normativas. Desde esa misma óptica captó a personas mayores bailando en Tango (1988), sin ninguna intención caricaturesca ni irónica, sino desde el respeto y recalcando su actitud vital positiva.

Paz Errázuriz. Boxeador VI, Santiago. Serie Boxeadores. El combate contra el ángel, 1987. Colecciones Fundación MAPFRE

Paz Errázuriz. Club Buenos Aires, Santiago. Serie Tango (de a dos), 1988. Colecciones Fundación MAPFRE

Con nula condescendencia ni paternalismo se interesó por quienes padecen enfermedades mentales en El infarto del alma (1992-1994), que inició en el hospital psiquiátrico Philippe Pinel de Putaendo. Buscó reflejar la individualidad de cada uno de ellos y también las relaciones amistosas, o amorosas, que en este sanatorio habían generado, pese a la pobreza y escasos estímulos que sugiere el edificio que los envuelve. En ocasiones, la reclusión de estas personas tenía que ver el propio devenir de la dictadura, con los encarcelamientos y desapariciones.

Se sabe que estas imágenes fueron expuestas en ese mismo hospital, pudiendo ser contempladas por quienes aparecían en ellas y por el personal, y que motivaron mejoras en su intendencia y en el trato ofrecido a los pacientes.

Paz Errázuriz. Infarto 5, Putaendo. Serie El infarto del alma, 1994. Colecciones Fundación MAPFRE

Mientras trabajaba en este psiquiátrico, en 1993, conoció Errázuriz a Fresia Alessandri Baker, miembro del pueblo kawésqar, que continúa, con esfuerzo, habitando en la costa este de la isla Wellington, en el extremo sur de la Patagonia. Al cabo de cerca de una década, logró la fotógrafa ganarse la estima de esta comunidad indígena, amenazada por la deforestación y distintas epidemias, y documentar su modo de vida. Los frutos vieron la luz en la publicación Kawésqar, hijos de la mujer sol (2005), que alterna imágenes y testimonios orales.

Paz Errázuriz. Atáp, Ester Edén Wellington, Puerto Edén. Serie Los nómadas del mar, 1995. Colecciones Fundación MAPFRE

Las últimas series reunidas en KBr se realizaron en los 2000: se trata de Ceguera, Memento Mori, Exéresis y Muñecas. La primera, aún inacabada, retrata a personas invidentes que saben que están siendo fotografiadas y, en ocasiones, en pareja, lo que las aleja de estereotipos de soledad; otra serie más brindó Errázuriz a un tema parecido: en La luz que me ciega fotografió, filmó y dedicó textos poéticos a una familia afectada de acromatopsia, una enfermedad rara que causa visión en blanco y negro.

Memento Mori cuenta con imágenes dedicadas a los motivos decorativos y fotos dispuestos en los cementerios para recordar a los muertos; elementos que permanecen inalterables en contraste con los efectos del paso del tiempo sobre los finados. Ella no los había conocido, circunstancia que dota al proyecto de un significado particular: Me atrae mucho el carácter anónimo de los personajes. Hay una relación entre el anonimato y la potencialidad de belleza (…). El cementerio tiene una estructuración social, con sus barrios, sus sectores más pudientes o más populares. Y las fotos que yo saqué son de todas partes, elegidas al azar, y se arma todo un conjunto precioso. Son fotografías que me emocionan hasta el infinito. Quizás fueron unas horrorosas personas, me da lo mismo. Jamás puedes pensar eso. Transmiten algo muy bonito. Todas esas personas son de una belleza increíble.

Exéresis reúne fotografías de esculturas mutiladas (ese término significa en griego extracción o escisión), tomadas en diversos museos europeos y estadounidenses. A Errázuriz no le interesan las causas de esa rotura, sino la propia imagen fragmentada, castrada, ambigua y carente de heroísmo en su sentido tradicional. Estos son, por tanto, cuerpos nuevos.

Muñecas, por último, recoge sus últimos trabajos sobre el asunto de la prostitución: escenas de trabajadoras del sexo en la frontera de Chile y Perú, únicamente en color. En este espacio fronterizo, en buena medida abandonado, son habituales los burdeles, y la artista se acercó a estas mujeres con su actitud y mirada habitual, la del respeto y la seguridad.

Paz Errázuriz. Atáp, Ester Edén Wellington, Puerto Edén. Serie Los nómadas del mar, 1995. Colecciones Fundación MAPFRE

 

 

Paz Errázuriz 

KBr FUNDACIÓN MAPFRE

Avenida del Litoral, 30

Barcelona 

Del 6 de junio al 15 de septiembre de 2024

 

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